miércoles, 14 de abril de 2010


Cuando nacieron mis mellizas, Patricia tuvo que quedarse en la incubadora unos 20 días más, al día siguiente de llegar con ella a casa me llamaron para decirme que la prueba del talón la habian repetido porque en los mellizos suele dar un falso negativo y que debía llevarla para una revisión esa misma mañana ya que el resultado había dado positivo.

Con solo 1,950 Kg. y resbalandose en el maxi cosi, llevé a mi hija al hospital con una preocupación tremenda. Al llegar alli una análitica de sangre extraida del hilito de vena que tenía por aquel entonces, confirmó que tenía Hipotiroidismo congénito. Yo lloraba a mares en la sala de espera hasta que me dijeron que en la radiografía había salido que la glándula estaba bien pero que no segregaba la hormona tiroidea, asi que durante tres años como mínimo debería tomarla en una pastilla y al mismo tiempo hacerse analíticas para comprobar los niveles de TSH.

En ese momento descubrí que el tiroides no solo afectaba a estar más delgado o más grueso, como yo creía, sino que la importancia de la hormona en el crecimiento tanto neuronal como físico, era de vital importancia y que sin este descubrimiento, mi hija podría haber sufrido un retraso en todas sus funciones vitales.

Asi que durante tres años no le falto su pequeña pastillita por las mañanas y sus análisis cada tanto, hasta que llegó a esa edad y le retiraron el tratamiento, entonces debía observar si se cansaba al jugar. Ni que decir como yo la espiaba desde la ventana jugando con sus hermanas y la alegría que suponía para mi, verla correr, saltar y hacer piruetas en el aire una y otra vez. El resultado fue que todo se normalizó y dejó el tratamiento, pero la historia que quiero plasmar en este blog es otra...

Cada vez que íbamos al Hospital, Patricia no decía nada pero camino de la consulta se ponía muy triste y aunque soportaba con mucha valentía la extracción de sangre en su pequeño bracito, se daba cuenta de donde la llevábamos, asi que en la tienda que habia en el mismo centro hospitalario yo le compraba siempre un juguete.

El día de la última revisión decidí regalarle un peluche, un león de trapo que representaría la fortaleza y el coraje que había tenido, Leo pasó a ser su mascota desde ese día, aunque representaba el valor que ella había tenido tambien tenía una cara dulce y simpática como la de Patri.

Sin duda Leo ha sido un miembro más de la familia, desde dentonces ha estado con nosotros en los momentos más importantes. Compañero de aventuras, excursiones y sueños, ya ajado y descolorido, sigue siendo un referente para mi hija, del que no puede desprenderse a la hora de dormir y aunque ya no viaja en su mochila, el lugar que ocupa en su corazón sigue siendo insustituible....

1 comentario:

  1. ¡qué historia más bonita y tierna! Se me han saltado las lágrimas.
    Leo puede estar orgulloso por ser compañero de sueños de tu querida Patricia.

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Saludos

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