miércoles, 10 de julio de 2013

Tejiendo cariño



 Cuando se tienen hijos cambia nuestra percepción de la vida, nuestra intuición se agudiza y estamos alerta en situaciones que antes pasaban desapercibidas para nosotros. 

Desde el momento de la concepción vamos tejiendo un hilo cada vez más tenso entre esa criatura y nosotros, un hilo que a través del tiempo hará que por más que se tense y se alargue, siempre permanecerá atado de su vida a la nuestra. 

Nosotros como padres tenemos el cometido de tejer ese hilo, de hacerlo grueso y fuerte y sobre todo lo suficientemente extensible como para darles la libertad que les corresponde pero siempre permanecer atados de alguna manera al ovillo que queda en casa. 

 En muchas circunstancias de la vida, ese hilo no se teje lo suficientemente fuerte, o se rompe o se corta, quizás porque no se ha sabido hilar bien o simplemente porque el hilo de alguna manera debía romperse quien sabe porqué: error, debilidad, falta de tesón, falta de cariño, falta de horas de comunicación y apego. 

Quizás radique en la habilidad, en la suerte o en el destino de cada cual el hecho de que el amarre esté siempre en la justa medida y nunca se rompa hasta que llegada la hora, uno de los dos deba marcharse más lejos de lo habitual, obligado por las leyes de la vida.

 Los padres deseamos fervientemente que este hilo sea grueso, fuerte e inalterable porque aunque el saber popular diga que nuestros hijos no son nuestros, lo cierto es que uno los siente propios desde el momento que son una pequeña célula llena de ilusiones y proyectos hasta que la vida nos lo presenta un buen día superando nuestra altura y con sus propia personalidad.

 Han sido y serán obra nuestra, el compendio de nuestros aciertos y de nuestros fracasos, de nuestros desvelos y preocupaciones, de nuestras luchas y esfuerzos por sacarlos adelante, por darles lo mejor de nosotros mismos y sobre todo el reflejo de que nuestro trabajo valió la pena. 

Tengo miedo que ese hilo se estire demasiado pronto, me asusta no sentirlo anudado como antes cuando iban de mis brazos a sus camitas y la protección y el cobijo eran mis únicas armas. Ahora empiezan a crecer sus alas y el viento de la vida quiere que vuelen y nos obliga a que animemos su vuelo, que de rasante y cercano pasará a ser definitivo. 

Necesito sentirme preparada para manejar la cometa de sus sueños y mantenerla firme en el aire para que el viento ni la azote ni la derribe mientras mis manos sujetan firmemente el hilo. 

Quiero tener la fuerza suficiente y sobre todo el mayor tiempo posible, para que mis manos cumplan su cometido. Quiero que siempre vayan donde vayan, busquen el cobijo de mi abrazo y la sabiduría de mis palabras. Quiero protegerlas en las distancia de la misma manera que lo he hecho hasta ahora, invocando un conjuro divino que las haga invisible al peligro.  Que si tienen que sufrir solo les baste una lágrima y que si tienen que llorar sea al menos por amor. Que como dice aquella plegaria celta: Dios las lleve siempre en la palma de su mano, sujetando el mismo hilo que me otorgó a mi.

Quiero llenar de nudos esta cuerda y en cada uno de ellos dejar mensajes de amor y de cariño, bordar con ellos cada uno de sus pasos, de sus decisiones y de sus anhelos y que esos nudos actúen de escudos para defenderlos del peligro.

Nuestro mayor deseo para nuestros hijos es quizás verlos grandes, sanos y con su vida por delante, ya puestos en la línea de salida para caminar solos en el sendero de su propia vida, esto supone un orgullo para nosotros que tanto hemos hilado, tejiendo sabiamente con los mejores hilos de colores un mundo lleno de sueños para que ellos puedan vivirlos y es entonces cuando uno se siente como el campeón que portando la antorcha, sabe que la carrera valió la pena porque la meta está próxima y el aplauso y los abrazos que le esperan, son la recompensa justa y maravillosa a tantas horas dedicadas a conseguirlo.



1 comentario:

  1. POR dIOS, Susana... ESto no se puede leer a estas horas de la noche, en el silencio de la casa, cuando todos duermen o están leyendo, o soñando.... qué palabras y cómo expresas con acierto lo que es ver a los hijos crecer ...
    como no tengo palabras , me quedo con este párrafo que me ha encantado...
    "Necesito sentirme preparada para manejar la cometa de sus sueños y mantenerla firme en el aire para que el viento ni la azote ni la derribe mientras mis manos sujetan firmemente el hilo."

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