martes, 18 de octubre de 2011

Relatos Canarios: La vuelta de Ferinto

El aire andaba espeso, turbio y ardiente. Las nubes se arremolinaban tropezando entre ellas y las aguas del mar andaban revueltas. Los animales estaban inquietos, hasta la coruja que sólo merodeaba en lo oscuro, voló bajo la luz. Aquellos signos presagiaban que Guayota el maligno estaba próximo. Cuando por fin surgió, se llevó consigo a Magec, el dios del sol, y lo ocultó en las profundidades de Echeyde, dejando el cielo a oscuras. Rogaron entonces los guanches a Achamán, el dios supremo, para que liberara al sol.

Al Teide fue a buscarle Achamán. Cuando lo halló, el suelo se abrió en truenos, estampidos y temblores que aturdían a las islas más lejanas. Fue el comienzo del combate. Por el cráter del Echeyde, Guayota arrojaba humos, peñascos encendidos, lenguas de lava, azufres y escoria con los que intentaba doblar a Achamán. Pero al fin, logró vencer a Guayota. Como castigo a su maldad lo encerró para siempre dentro de Echeyde. Después volvió a Magec al cielo para que siguiera iluminando la tierra, y enseguida el día volvió a ser día y se aquietaron las aguas y las nubes. Guayota, cautivo desde entonces, aún respira en lo más alto de Echeyde ( vocablo guanche para referirse al Teide).





¿Qué es la vida, cuando se ha perdido la libertad?. ¿Para qué sirven el aire que nos rodea, las aguas que los dioses destilan de los árboles sagrados o las montañas, con sus misterios, si todo eso es ultrajado, despreciado y deshonrado por gentes que vienen a tratarnos como esclavos?. ¿De qué sirve mi vida si mi voluntad se trunca a cada paso?. ¿No es mejor morir despeñado y convertir mi muerte en un acto liberal?.


Estas son las últimas palabras de un Bimbache llamado Ferinto, en la isla de El Hierro, antes de morir a manos de los conquistadores liderados por Bethencourt. Después de mucho tiempo consiguiendo escapar de sus perseguidores, al final lo acorralaron en un barranco. Pero en un acto de valentía saltó con gran fuerza y frente a toda expectativa, logró pisar el otro lado, que ahora se conoce como “El Salto del Guanche”. Sin embargo, de nada le sirvió. Allí también le esperaban los conquistadores con las armas prestas. La desesperación de ver su libertad perdida impulsó al bimbache a gritar. Lanzó un grito tan fiero, tan grande, tan alto que atravesó la isla, sobre pinares, barrancos y volcanes, hasta llegar a La Dehesa, en el otro extremo de El Hierro, donde su madre, al escuchar su potente voz, dijo con tristeza: ¡ Mi hijo ha sido vencido!.


Es posible que el espíritu de Ferinto, sea el que está sumergido en el volcán que ahora lucha por salir en la Isla de Hierro, o quizás Guayota lo ha despertado, lo cierto es que una nueva isla está por nacer, mientras las aguas teñídas de un verde amarillento, navegan con su lava, destruyendo las especies marinas a su paso y acercándose a la costa. Quizás solamente sea una leyenda pero quien sabe si Ferinto no desea demostrar su dominio sobre la tierra y su valentía aún a pesar del tiempo y a través de las aguas llegar a tocar el alma de su madre que quedó llorando en la orilla...


(Texto cedido: por Juan Ignacio Mérida, un gra amigo canario)

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