lunes, 10 de octubre de 2011

La letra con sangre entra

Hace ya unos pocos de años se decía en los colegios aquello de: “La letra con sangre entra” ya que se aplicaban severos castigos físicos y emocionales para lograr un mejor rendimiento escolar. Hoy en día los tiempos han cambiado mucho y no se permite levantar la mano a un alumno, quedan atrás muchas torturas ejercidas bajo aquella autoridad que era el maestro, el cual resultaba ser un personaje intocable que hacía uso de su mando a su total antojo.


Hemos pasado de respetar al maestro con miedo a perderle ese respeto del todo, pero también hemos pasado a torturar a los niños no físicamente pero si emocionalmente, si no alcanzan unos objetivos que muchas veces son bastante exigentes por parte de los colegios que quieren cumplir a rajatabla con un programa establecido, que aparte de realizarse mayormente en horario lectivo, es realizado en gran medida también fuera de clase y me refiero al hecho de mandarles una cantidad exagerada de deberes para hacer en casa.

Que conste que no me niego a que mis hijas realicen algunas tareas todos los días en casa, pero no me parece justo ni apropiado no permitirles hacer uso de unas horas de su pasajera infancia en la que desconectar, jugar y dejar a su libre albedrío para reír, divertirse o incluso ver a sus amigos.

Tengo tres hijas cuyas edades están comprendidas entre los 10 y 12 años. Todos los días nos levantamos los cinco, a las seis de la mañana para ir a trabajar, esto nos obliga a que mis hijas entren al aula matinal a las siete y media de la mañana y permanezcan en el Colegio hasta las cuatro de la tarde, hora en la que podemos ir a recogerlas después de salir del trabajo.

Todos los días y nada más llegar, meriendan y se ponen con los deberes, normalmente las tareas consisten en una hoja del libro de matemáticas, con preguntas en las que cada ejercicio se divide a su vez en seis o siete operaciones, un desarrollo de comprensión lectora, una información que deben buscar en internet, un resumen e incluso un dibujo de una actividad, hacer algún experimento que deben llevar al colegio al día siguiente, corregir un examen o leer un capítulo de uno de los 25 libros que deben leer durante el curso.

Mi esposo y yo hemos llegado a un punto en el que no podemos ni acudir con ellas a una cita médica, dentista, oftalmólogo o ni siquiera realizar una compra los días de semana, no tenemos derecho ni a descansar unas horas porque aunque ellas pueden hacer solas sus deberes, bien es cierto que en determinadas cuestiones necesitan alguna ayuda o bien hay que controlar en que lugar de internet buscan información ya que en la red todo es posible y si uno no está pendiente de ellos pueden ocurrir cosas desagradables por dar con páginas que no son adecuadas a su edad.

A mi esto me subleva. Llevar una casa sin ayuda, un trabajo, las tareas propias del hogar: cocinar, planchar, lavar, tender, limpiar, regar, mientras debes acudir a cada llamada para solucionar problemas, dudas y cuestiones, es agotador. No tener un hueco ni siquiera los fines de semana para sentarse a leer, charlar con amigos o salir al parque me parece increíble.

Soy una persona organizada si no lo fuera no podría llevar trabajo y casa a la vez. Nadie viene a hacerme las tareas del hogar sin embargo mi hogar está limpio, ordenado y en perfecto estado. Mi marido tiene el mismo horario que yo con lo cual las tareas son compartidas, los dos nos dedicamos en cuerpo y alma a nuestras hijas y no es justo que no tengamos un hueco ni nosotros ni ellas para descansar.

Desde que llegan al colegio hasta que salen, son ocho horas y media, media hora más de lo que nosotros ya de por si trabajamos, si a eso le sumamos las horas que dedican por la tarde a realizar tareas, uno se da cuenta de que no es justo, ni lícito ni tolerable. No hay una tarde de descanso, los exámenes también se acompañan de deberes y una cosa no excluye a la otra.

Mis hijas son niñas que leen mucho, apenas tienen faltas de ortografía, no necesitan refuerzo pero necesitan jugar y descansar. Los objetivos educativos deben cumplirse mayormente en el colegio, en la casa se puede repasar, corregir o hacer media hora o una hora y media de tareas, no más. Ellas necesitan tener horas para disfrutar de su vida y nosotros, los padres, también.

No es de extrañar que la mayoría de los alumnos no terminen los estudios. Estamos poniendo demasiado peso en sus espaldas, el tremendo peso diario de los libros y el de una responsabilidad que se sale de lo que debería ser razonable.

Artículo publicado en: http://www.alhaurindelatorre.com/columnistas/susana-lopez-chicon/7286.html



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