jueves, 9 de junio de 2011

De Princesas y Otros Cuentos

De pequeña viví  mi infancia rodeada de los Cuentos de Disney y de princesas, principes y hadas en aquel mundo mágico de un país muy, muy, muy lejano. Y no era para menos, aquel pais debía estar muy lejos y mucho más lejos debería estar hoy en día, porque en él vivian mujeres que si querían ser princesas debían ser bonitas, buenas y tontas o amargadas, malas y horriblemente feas y entonces se convertían en brujas. El premio siempre era uno: conseguir un príncipe, rico, guapo y de sangre azul.


Y con esa historia nos comieron el coco a todas las niñas de la época y aún hoy en día nadie ve más allá de la ternura, los colores, la música y los personajes de sus películas y nos dejamos embaucar por las caritas de la princesa, sus vestiditos, los animalitos del bosque y los pajaritos haciendo coro, pero....¿alguien ha pensado que clase de mujeres eran todas?.


La Sirenita, una pobre mujer pez atada a su cola que no podía disfrutar del amor de su vida entre otras cosas porque debía de oler terriblemente a pescado y su padre en vez de ayudarla la castigaba en el fondo del mar, la pobre no podía ni mirarse en un espejito oxidado y lleno de algas que se encontró entre las piedras y para colmo la bruja convertida en un pulpo gigantesco y morado la dejaba muda. Buen castigo para una mujer.


Sigamos con la Bella Durmiente, si era bella muy bella, pero por eso mismo, su castigo fue pincharse un dedo y dormir la mona hasta que a punto de convertirse en una abuelita intacta y virgen, el principe que era fuerte, bravo y sobre todo cachas llegaba cortando malezas con una espada...¡hay que ver con lo que cuesta cortar una liana de esas con una buena cortadora de filos de hoy en día o con una motosierra!!! y llega el flaquito este y zás con una espadita, quita las ramas de cientos de años y se encuentra a la señorita en cuestión, alli dormidita plácidamente como si acabara de darse un lifting, con esa piel tersa y el vestidito planchado!!!.


Otra, la Caperucita, valiente sinvergüenza, que desobedeció a su madre y encima se la comió el lobo, pero tambien estaba el fornido de turno que con unas tijeras abrió la barriga del pobre animal y sacó enteras de un plumazo a la niña y a la abuela hasta con el gorrito de dormir, la toquilla, las gafas y las zapatillas. Es que ellos eran muy valientes y ellas, las pobres..., tontitas del todo.


Y la Cenicienta...venga barrer, planchar y limpiar como otras tantas para que en recompensa unos ratones le hicieran un traje de quita y pon, ¿es que  no podian ser Vitorio y Luchino los modistos? y encima le falla el reloj y se queda en plena calle en pelotas, sin un zapato y sin coche.


Y que decir de la pobre Blancanieves, viviendo con siete enanos gruñones y sucios que en vez de premiarla con algún diamante de la mina para que la niña se fuera de vacaciones a Singapur y la bruja no la encontrara, la tienen trabajando a destajo barriendo hasta el bosque, mientras cientos de bichos no dejan de mirarla y para colmo ninguno sabia hablar en este cuento para decirle que la manzana estaba envenenada y la vieja era la bruja. Y otra vez el principe que se atreve a besar a la niña muerta, que hay que tener ganas digo yo...


Por último la Bella que no tiene otra que enamorarse de un monstruo enorme, peludo y encima de lo más desagradable, pero nada ¿que iba a hacer? si a Disney se le plantó entre ceja y ceja que o se casaba con él o se quedaba de por vida bailando con la tetera y el candelabro?.


Se trataba de ser sumisas, pasivas, abnegadas, blancas, anoréxicas, mientras desafiaban las leyes de la descomposición en ataudes de cristal, con los cabellos dorados e impecables sobre una almohada encantada en un reino encantado y encima encantadas de su vida. 

Otra opción era ser ladina, egoista, agresiva, terriblemente fea, amargada y destructiva y aunque llevaras sombra de ojos de color púrpura, nadie te quería pues eras la mala del cuento y eso ningún príncipe de aquel lejano pais podía consentirlo y más si se preciaba de ser auténticamente azul.


Nos enseñaron muy sutilmente con aquellas historias, que por nuestra condición de mujeres teniamos que acatar el argumento de este cuento de la vida: Hartitas de barrer, de fregar, de planchar, de trabajar, de cuidar enanitos y encima el príncipe ni azul ni gris clarito y según cuentan es posible que con el tiempo hasta pueda salirte rana,  supongo que entonces aunque lo beses una y mil veces el hechizo no tiene remedio.


Están también aquellos psudoprincipes que al principio escalan muros para conseguir a su amada, lo malo es que luego cansados de tanto ajetreo, se apoltronan en el sillón real y echan tanta tripita que alli se quedan dormidos bajo el peso de su corona. 


Otros empezaron amando una princesa y un buen día despertaron con la bruja.

Incluso hay principes que eran mendigos y otros de noble cuna que no pudieron llegar a serlo. 

Lo importante de todo quizás sea saber que somos, como somos y lo que queremos ser y hacer las cosas con el corazón y sentirlas, seamos de la condición que seamos y tengamos la certeza de hacer el bien por encima de todo, para no acabar comiendo perdices en algún pais lejano y olvidados del resto del mundo.


Y la moraleja...¿cual sería esta vez? Quizás que uno debe de escribir su propio cuento, con personajes reales, que no importa de que color es la sangre, ni si los zapatos son de cristal, que las mujeres deben tener su sitio y estar al mismo nivel que los hombres, que no hay más debiles ni más fuertes por condición de sexo, que los animales no hablan pero si sienten, que no es prioridad solo de las mujeres el mantener una casa limpia, que no por ser más alto y guapo el príncipe es más bueno, que la fortaleza está en la persona, que no siempre es fea la bruja y tampoco la belleza es exclusividad de la princesa, que aunque los cuentos de principes son encantadores tambien hay historias de sapos ......y que lo mejor de todo es estar Encantado del cuento que nos tocó vivir ........y colorin colorado....

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