sábado, 18 de diciembre de 2010

Trastorno de Ansiedad generalizada TAG


"Un infierno entró en la casa. El stress dio paso a la ansiedad y la rabia y los celos tomaron el mando. Una total apatía, una preocupación desbordada y un constante mal humor empezaron a flotar entre nosotros. Un caos psicológico que dio lugar a la falta de concentración, la agresividad y los altibajos de humor, tomaron las riendas cambiando radicalmente a la persona que era. La solución consistía en ir arreglando aquellos problemas que dieron lugar a tal situación. Un tratamiento basado en la ayuda de un profesional, mucha , muchísima paciencia y erradicar los fármacos que aunque sirvieron para bajar la ansiedad dieron lugar a otros desórdenes aún peores...
Aprender a hacer frente a los problemas se hace muy difícil cuando en realidad no hay problemas"

El síntoma principal es la presencia casi constante de preocupación o tensión, incluso cuando hay poca o ninguna causa. Las preocupaciones parecen flotar de un problema a otro, como problemas familiares o de relaciones interpersonales, cuestiones de trabajo, dinero, salud y otros problemas.
Incluso estando consciente de que sus preocupaciones o miedos son más fuertes de lo necesario, una persona con trastorno de ansiedad generalizada aún tiene dificultad para controlarlos.
Otros síntomas abarcan:
  • Dificultad para concentrarse
  • Fatiga
  • Irritabilidad
  • Problemas para conciliar el sueño y permanecer dormido, y sueño que a menudo no es reparador ni satisfactorio
  • Nerviosismo o sentirse agitado o "con los nervios de punta", a menudo resultando sobresaltado con mucha facilidad
Junto con las preocupaciones y las ansiedades, también pueden estar presentes muchos síntomas físicos, incluyendo tensión muscular (temblor, dolor de cabeza).
La preocupación excesiva, acompañada de un estado de vigilancia continua, tensión muscular o irritabilidad, son las características centrales de este trastorno. La persona que sufre este trastorno tiene gran facilidad para preocuparse por multitud de problemas de la vida cotidiana y le resulta muy difícil controlar esa preocupación, y hasta confunden con frecuencia el hecho de que un peligro sea posible con el hecho de que sea probable
En el trastorno de ansiedad generalizada no se teme nada en particular pero se teme todo al mismo tiempo. La persona que sufre este trastorno de ansiedad tiene una gran facilidad para preocuparse por muchas cosas y mucha dificultad para controlar las preocupaciones. No se limita la ansiedad a una o varias situaciones con cierta similitud entre sí, como ocurre en el resto de trastornos de ansiedad. Es como si siempre hubiera algo de lo que preocuparse: pequeños problemas en los estudios, el trabajo, o la relación de pareja, tener un accidente al salir de casa... En cualquier momento algo puede ir mal o puede pasar algo o no se está haciendo lo suficiente para asegurar la economía familiar (que, por otro lado, tampoco tiene ningún problema especial). Y además resulta imposible dejar de preocuparse por las pequeñas cosas de la vida. 

Esta ansiedad constante se manifiesta, lógicamente, en síntomas como: dificultad para concentrarse, inquietud, fatiga, irritabilidad, tensión muscular o problemas para dormir.
Las personas con ansiedad generalizada parecen poseer un radar muy sensible para detectar los problemas que pueden aparecer en cualquier momento. Es como si les costase adaptarse a la vida cotidiana, a sus cambios y a sus amenazas —continuas, pero poco probables—. Es cierto que existen los accidentes, las violaciones, las catástrofes económicas y el paro, pero eso no significa que debamos permanecer siempre en casa y no salir nunca por la noche a cenar o al cine. 

La solución que adopta la persona con este trastorno es la preocupación intensiva. De hecho, esto le funciona en cierta medida debido a que la preocupación excesiva provoca un funcionamiento intensivo del hemisferio cerebral izquierdo (que soporta el pensamiento lógico y racional), y una cierta inhibición del hemisferio derecho, que se encarga de la formación de imágenes y que tiene más poder para causar alteración emocional. Es como si preocupándonos en exceso evitásemos en cierta medida imaginarnos las consecuencias de los temores básicos que vienen a nuestra mente. Pero esta solución sólo funciona en parte porque la preocupación intensiva genera síntomas físicos de ansiedad como tensión muscular, irritabilidad o problemas con el sueño. 

El problema real al que se enfrenta una persona con ansiedad generalizada es distinguir lo que es posible de lo que es probable . En realidad, todo es posible . Podemos perder el trabajo, suspender un examen que llevamos bien estudiado, salir a la calle y ser atropellados en la puerta de casa... Todo es posible. Pero, ¿es probable? Ésa es la cuestión. No todo es probable. Muchas personas salen a la calle todos los días y muy pocas son atropelladas. Y no digamos el número de los que son atropellados ¡en la puerta del propio domicilio! Generalmente, los exámenes los aprueban los alumnos que los llevan mejor preparados y los suspenden los que no los llevan lo suficientemente bien preparados. Es cierto que algunos alumnos se ponen nerviosos y no pueden demostrar su conocimiento, pero muy pocos suspenden cuando deberían haber sacado la máxima nota. También podemos perder el trabajo e ir al paro pero, analizado en frío, ¿es eso realmente probable ? Aquí puede que sea más difícil dar una respuesta; depende de la estabilidad laboral que nos otorgue nuestro contrato, de las condiciones laborales de nuestro sector, de la situación económica actual, etc.

El trastorno de pánico se diagnostica cuando se dan cuatro o más de los siguientes síntomas: taquicardias o aumento de la tensión arterial, sudoración, escalofríos o sofocos, sensación de entumecimiento u hormigueo en las extremidades, temblores, sensación de ahogo, mareos, náuseas o vómitos, opresión en el pecho, miedo a perder el control o a volverse loco, miedo a morir.

Estos síntomas surgen de forma brusca e inesperada, no parecen ser debidos a una causa claramente definida y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos. Además, la persona puede tener un sentido de irrealidad (piensa que el mundo, y todo lo que le rodea en ese momento, no es real) y una despersonalización (pérdida del sentido de la propia realidad, no reconoce su cuerpo).

Las causas de este trastorno no están claras, aunque se baraja el hecho de que sea una mezcla de factores hereditarios, un desequilibrio químico cerebral y un estrés prolongado. Si esta enfermedad no se trata, probablemente se desarrollen otras más graves. Además, los intentos de suicidio en estas personas son 20 veces más frecuentes que en la población general.

Existen también distintos tipos de tratamientos psicológicos. Las psicoterapias dinámicas (psicoanálisis) necesitan varios años de profundización. Las psicoterapias conductistas tratan de cambiar las conductas, obligando a la persona a enfrentarse con el miedo. Las psicoterapias cognitivas lo que hacen es cambiar el procesamiento del pensamiento y, por eso, suelen ser terapias muy rápidas e indoloras. Estas parten de la base de que la ansiedad se está produciendo porque el cerebro está codificando de forma errónea, a través del pensamiento, lo que ocurre en la realidad. La realidad nos llega a través de los sentidos y se procesa interiormente a través del pensamiento. Si ese pensamiento es codificado de forma equivocada, la información que llega al cerebro es también errónea, produciéndose una alteración entre el pensamiento y la realidad. Por eso la persona con ansiedad sabe racionalmente que sus miedos son absurdos, pero los siente como si fueran reales.

1-   Hay que atacarla desde el pensamiento
Pensamos a través de los sentidos: hacemos imágenes mentales, tenemos diálogos internos o notamos sensaciones. La ansiedad está basada en esos pensamientos. El cerebro interpreta esos pensamientos como algo peligroso para la vida, por eso envía síntomas de ansiedad. Los síntomas de la ansiedad hacen que se huya o se evite esas situaciones que el cerebro interpreta erróneamente como reales. Los miedos son siempre de futuro, es miedo a que algo grave va a pasar. Es necesario darle instrucciones al cerebro para que deje de interpretar erróneamente las situaciones que producen ansiedad.

Haciendo que el cerebro sintonice la parte racional (que sabe que no pasa nada) con la parte emocional (que cree que algo grave va a pasar)

Para pensar nos ponemos en comunicación con el mundo a través de los sentidos. También pensamos a través de los sentidos: vemos oímos o sentimos cosas en nuestro interior. No es posible sentir sin pensar. Primero pensamos y después sentimos.  La ansiedad se produce porque el cerebro interpreta que hay un peligro  a través de los pensamientos. Si se piensa que el ascensor se va a caer y el cerebro interpreta que es verdad, inmediatamente  enviará síntomas de ansiedad.

El problema está en que algunos de los pensamientos que se tiene, se hacen de tal manera, que el cerebro interpreta cosas que no son reales. Si el cerebro se cree que algo grave  va a ocurrir pone en marcha mecanismos de defensa (la ansiedad). Este pensamiento desencadenante del proceso de ansiedad puede ser una imagen mental (de uno mismo o de otra persona o situación), un sonido (la propia voz, las palabras de alguien, un ruido o música...), o una sensación en el cuerpo (un cosquilleo, un pinchazo, frio o calor...). El secreto está en saber cambiar la interpretación que el cerebro hace de estos pensamientos.

2-   Bloquearla antes de que se presente

El gran problema de la ansiedad es que no somos capaces de comprender por qué se produce. Viene y se va cuando le da la gana y esto nos hace sentir que no tenemos el control sobre nuestra vida. Sabemos que viene la crisis, pero no tenemos herramientas para bloquearla. Y la crisis se va cuando quiere, no cuando nosotros queremos (o cuando huimos o evitamos la situación que la crea).

3-          3- Automatizar las técnicas

El cerebro funciona por repetición. Repite las cosas una y otra vez. La ansiedad vuelve y vuelve por ese motivo, hay muchos estímulos que ponen en marcha el proceso de nuevo. Aprendemos también por repetición.  Si el cerebro aprende a tener ansiedad, eso es lo que volverá a hacer una y otra vez. Para acabar con la ansiedad hay que enseñarle al cerebro nuevos procesos que lo saquen de la ansiedad. Cuando el cerebro aprende a romper el proceso de la ansiedad automáticamente, la batalla contra la ansiedad es un éxito.

4-   Comprender el proceso
Primero hay un estímulo externo (un ruido, un olor, una situación...) o un estímulo interno (una sensación, un pinchazo, un mareo...). Tras ese estímulo, se comienza a producir un pensamiento. Ese pensamiento puede ser una imagen mental, un pensamiento auditivo interno o un pensamiento basado en una sensación (de calor, presión, etc). El pensamiento genera una respuesta emocional y los síntomas de la ansiedad.

Por último viene una conducta (de huída o evitación)
Muchos métodos psicológicos se centran en la conducta ("si tienes miedos, enfréntate a ellos"). Otros se basan en bloquear los síntomas (las famosas pastillas). Algunos se centran en los sentimientos (¿"qué te pasó en tu infancia?").

Es necesario cambiar la estructura de los pensamientos. Si se tiene ansiedad es porque el cerebro está interpretando erróneamente los pensamientos. No se cambia el contenido de los pensamientos, sino su estructura, que es lo que el cerebro interpreta como peligroso. Por lo tanto, hay que cortar el proceso desde el principio. 








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