sábado, 18 de diciembre de 2010

Carlos Gardel: El ídolo de mi padre



En un país como Argentina donde se idolatra tanto el tango, no resulta nada raro encontrar adictos a él y seguidores de tantos intérpretes tangueros como ha habido a lo largo de los años. 

El tango es un completo fenómeno cultural que nace a orillas del Río de la Plata y donde se unen el  baile, la música, la canción y la poesía. Pero el mayor exponente a la hora de hablar de tangos lo representa Carlos Gardel, Carlitos como suelen llamarle quienes sienten esta franca y efusiva pasión tanguera. Él se convirtió en un auténtico mito que reunió popularidad, mujeres y una corta vida marcada por un trágico accidente, y como mandan los cánones, aquellos que son famosos y admirados hasta el extremo en vida, debido a estas circunstancias, se hacen mucho más reconocidos y admirados tras su muerte.
Yo no dudo que habrá miles de argentinos forofos,  pero puedo dar fé que mi padre Roberto López Martínez, fue, sino el mayor admirador, sí, un auténtico devoto y yo diría hasta fanático, de todo lo relacionado con él, hasta lo imitaba de manera ejemplar y se sabía todas y cada una de las letras que había compuesto. Recuerdo que mi madre se ponía nerviosa cuando lo escuchaba hablar con la voz del Zorzal Criollo o le susurraba la oído: “Pebeta de mi barrio” o “Por una cabeza de un noble potrillo…”. 

Yo que para aquel entonces era muy pequeña aún, muchas veces creí ver el perecido físico entre Gardel y mi padre, porque lo sentía tal vez como un miembro más de mi familia. Aquel ser sagrado y todo poderoso que nos susurraba a todos con su voz melancólica y triste, llenaba las tardes de mi hogar y nos hablaba de sus pasiones a través de la aguja del antiguo tocadiscos.
Lo mismo que un adolescente junta postales y recortes de su fan, así mi padre juntaba y recortaba todo aquello que encontraba de Gardel, quizás porque nacieron en el mismo mes, quizás porque también se quedó solo con su madre desde muy joven o quizás porque simplemente su música lo marcó, al igual que ha marcado  a todos y cada uno de los Argentinos, porque forma parte de la idiosincrasia de aquel país y está en la fibra de todo aquel que tiene que ver con aquella patria, lo  cierto es que hoy en día no puedo escuchar sus tangos sin acordarme de mi padre, que seguramente estará junto al Morocho de Abasto y rodeando los hombros de mi madre, mientras le susurra al oído:  ¿Viste Carlitos, que pebeta más linda????







1 comentario:

  1. Me encanta el tango y más si son de Gardel,me fascina cuando canta ...
    ...Hoy resulta que es lo mismo
    ser derecho que traidor,
    ignorante, sabio o chorro,
    generoso o estafador...
    ¡Todo es igual!
    ¡Nada es mejor!
    Lo mismo un burro
    que un gran profesor...

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Saludos

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