viernes, 17 de septiembre de 2010

Saber ser abuela


Cuando me llegue el momento de ser abuela, quisiera ser como la abuela que YO conocí o la que hubiera sido Mi Madre para mis hijas.

La abuela cercana a la nieta y atenta a sus requerimientos, de acuerdo con la etapa de su vida. La que disfruta de su rol de abuela, aquella que aprovecha el tiempo juntas y lo pasa bien con ellas, la que es capaz de gozar y entregarse a la relación con el nieto, de transmitirle lo que fue, lo que vivió, la que cuenta historias, la que recita poemas, la que inventa cuentos.

La abuela que no se sienta a esperar que las nietas sean las que llamen, visiten o cambien de actitud para estar cerca de ellas. La que se desvive y preocupa de lo que hacen, leen o estudian.

La que es la primera en despedirse cuando se van de viaje y la primera en llamarlos cuando regresan. La que espera con una sopita caliente o un bizcocho hecho por ella porque van a venir a verla sus nietas.

La que prepara y perfuma las sábanas de la habitación, la que las lava y acomoda para su llegada. La que recibe con un beso y un abrazo a sus nietas, nerviosa hasta el momento en que llegan, la que es flexible y tolerante.

La que no critica, y se abre a las cosas buenas de los nuevos tiempos, que no se queja de sus desdichas, que es actual, que está abierta a descubrir y aprender lo que la vida, el entorno y sus nietas le están ofreciendo.

La que espera con un beso, con un abrazo y con evidentes signos de alegría y ternura la llegada de sus nietas, la que se desvive por agradarles y que en la mirada pone el corazón y en sus manos todo el amor de sus caricias.

La que no olvida un cumpleaños y que no es necesario llamarla para recordárselo, la que prepara con antelación el regalo para darle una sorpresa a sus nietas. Un regalo que se abra y suene, un regalo en papel de seda envuelto con su cariño y en el que están descifradas muchas cosas, y en el que ha puesto su imaginación, su pensamiento, su esfuerzo y la ilusión de que a sus nietas le guste y todo ello atado con el lazo de los sentimientos, de la magia y de los sueños, que no ofrece un simple billete frio y sin lazo, dado a hurtadillas para comprar chucherías.

La abuela dulce y cariñosa que nos lleva de la mano demostrándonos cuanto nos quiere a cada paso. La que está pendiente de cada acontecimiento que viven y de cada tropiezo. Sentir cada día la felicidad de ser una abuela que midiendo sus fuerzas es capaz de dar toda la sabiduría y ternura a esas pequeñas que son el fruto de la herencia del hijo. Ser la que sueña y pone la esperanza y el amor en cada gesto.

La que inventa, la que rie, la que comparte, la que se convierte en la segunda madre de esas hijas. La que en sus desvelos reza por ellas y va bordando sonrisas, la que las añora, las recuerda cada segundo y se enternece al recibirlas.

La que en sus manos pone a coser travesuras para compartirlas con ellas y la que hila trocitos de cariño por los rincones. Que maravilloso sería que mis hijas tuvieran una abuela que supiera serlo, y que derrochara sobre ellas todos los abrazos y los besos que salieran de su corazón. Una abuela que con solo una mirada pudiera expresar el cariño infinito, la auténtica devoción, y en cuyos brazos se escondieran miles de caricias que adornaran de estrellas el sombrio cuarto.

Y sería tan fácil Saber ser Abuela, es tan sencillo como saber demostrar el cariño primero en los hijos y después en los nietos y quien sabe amar a sus hijos tiene grabado ya en su interior como amar a sus nietos y eso no depende del entorno sino de lo más profundo de nuestro ser, de lo más recóndito del alma.

Esa es la clase de abuela que yo algún día, si Dios me lo permite, quisiera ser..., tan maravillosa como la que mis hijas hubieran podido tener y que desgraciadamente NUNCA tendrán ...

2 comentarios:

  1. Yo he tenido dos abuelas. Y tampoco he recibido todo lo que describes aquí. Cariño, alguna sonrisa, algún cumpleaños por compromiso, algún regalo por Navidad, por cumplir...
    ¡qué bonito es soñar, y añorar lo que no se tiene! y a veces, lo que se tiene no es para soñar. Has tenido mucha suerte de haber vivido esta experiencia. Yo tuve dos abuelas, y no sentí nada de eso. ¡Eso sí que es una pena!
    Besos.

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  2. Es una pena Mari Angeles, y es que como digo en el texto no todo el mundo sabe ser abuela. Las mias, mi abuela Rosario y mi abuela Maria, si lo fueron, la pena es que la segunda murió siendo yo muy pequeña pero me queda el recuerdo de la mi abuela materna a la que quise con locura y con la que comparo estos sentimientos. Ella fue mi segunda madre y se desvivía por mi, desde ir a la panadería y comprarme los dulces más frescos, hasta coserme un botón o contarme historias y luego despedirme con un beso, el mejor de todos, hasta el día siguiente porque para ser abuela solo hace falta eso, tener un profundo cariño y saber demostrarlo...y yo sé que mi madre hubiese sido inmejorable para mis hijas y ellas hubieran sabido lo que es tener una Abuela en todo el sentido de la palabra...

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