jueves, 25 de marzo de 2010

Los Bichos de mi infancia


Es curioso como con el tiempo empiezas a echar de menos todas aquellas cosas que dejaste en el recuerdo, ya no solo situaciones o acontecimientos o incluso personas y amigos que ya no volvemos a ver, sino también insectos que son propios de un país y que al emigrar no volvemos a ver más.
En mi país (Argentina) no sé si debido a su clima húmedo, lo cierto es que en las épocas veraniegas ciertas especies invadían el patio de la casa de mi abuela, aquello era una invasión en toda regla, ya que por ejemplo cuando venían las mariposas, todas las casas se poblaban de estas cositas aladas de colores suaves desde el celeste al amarillito y corríamos tras ellas intentando cazarlas.
No todos los insectos eran de tal belleza ya que también hacían su aparición las arañas pollito (que según tengo entendido su nombre se debe no solo a que son peludas sino que incluso emiten un sonido como si piaran) y resultaba de pánico ver aquellas criaturas sobre la pared blanca del patio, del tamaño de un melocotón.
Muchas veces pienso si aquellas visitas del mundo animal no fueron producto de mi mente infantil por lo alucinantes e increíbles, recuerdo aquellos gusanos verdes con púas en la espalda que se tornaban grises y horrorosos con sus más de seis centímetros de largo y que se comían los duraznos exquisitos de uno de los árboles del jardín, o aquellos bichos canasto que colgaban de las ramas y cuya canastita apretábamos con el fin de sacar al bicho que moría en el intento.
Por las noches calurosas, las luciérnagas o bichitos de luz alumbraban nuestras charlas en la terraza, mientras seguidos por el puntito rojo, intentábamos agarrar alguna para quedarnos asombrados de ver como encendían y apagaban su cola, o cuando en aquellas lluvias ocasionadas por le calor llovían ranitas, seguramente por la eclosión al contacto con el suelo de los huevecitos que se habían evaporado en las nubes. Aquel misterio nunca supe como se realizaba pero lo cierto es que el suelo se llenaba de miles de ranitas bien formadas, del tamaño de un centímetro y que caían del cielo.
No podía olvidarme de las gatas peludas, gusanos parecidos a los de la procesionaria que como no, invadían nuestros patios y nuestras plantas.
En mi memoria quedan también recuerdos para el Carancho y El Hornero, dos aves tan diferentes a la hora de realizar y mantener sus casas. El primero cuyo nido no puede ser más desastroso y mal hecho y el segundo cuya casa realizada con barro y saliva, resulta de una perfección y belleza sumamente admirable.
Una de las cosas que me encantaría poseer en el jardín de mi actual casa en Málaga, es un nido de Hornero, no he visto nada tan bien hecho ni tan elaborado, como el hogar que este pájaro crea para él y su familia, al igual que un alfarero, trabaja el barro con tal maestría, que logra crear un habitáculo en forma de caracol, con el fin de proteger a sus crías de un ataque del exterior y lo remata con una suavidad y un acabado propio de las manos de un artista y sabedor de la belleza de su nido, lo coloca en lo alto de los postes con el fin de que nadie alcance a llevárselo.
Quiero recordar a la pareja de colibríes que cada año recolectaba el néctar de mis flores y que en su incesante baile dejaba que admirásemos la belleza de aquel plumaje azul verdoso que nos maravillaba por su brillo.
A aquellos Tata Dios de mis plantas que creía buenos y devotos rezándole a Dios con sus patitas y de los que en España descubrí su maléfica fama y su descomunal y voraz destreza, a los Aguaciles, Juanitas , Ciervito Volador y demás bichitos que llenaron mis tardes de juegos y hoy afloran en mi memoria, y a las hormigas cuyos hormigueros revolví con un palito y que en venganza trepaban por él y me dejaban el escozor de su picotazo.A los bichos de mi infancia que hoy llenarán la vida de otros niños como llenaron la mía.

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