sábado, 18 de mayo de 2013

Mujeres con Mayúscula


                  

Ellos gestionan, ellos se reúnen, ellos planean y su mundo laboral parece crecer en una órbita mayor y con una importancia y trascendencia que nada tiene que ver con nuestras labores del hogar, ¿como comparar el limpiar trapos sucios con la gestión de una transación comercial?, ¿como comparar una jornada entera de plancha con sus reuniones de alto standing? o ¿omo comparar esas horas muertas limpiando polvo o suciedades con sus horas de diseño o de planificación de trabajo?. Inmersos en sus móviles llegan a casa a descansar sin valorar la mayoría de las veces el esfuerzo que nos ha llevado el que se encuentren una casa en condiciones.
Nosotras las mujeres que hemos escalado simas a la velocidad del rayo ya podemos con todo, no solo llevamos una casa, una educación y una organización de tareas sino que además podemos con eso y con un trabajo extra: el nuestro,  que ya se ejerza en la calle o en casa hay que saberlo compaginar con una serie de tareas extras tan importantes y tan infravaloradas que nos hacen sentirnos tan pequeñas cuando deberíamos saber lo grande que somos.

Hay quien abandona a mitad de camino, deja su casa de lado y se dedica a otras tareas más sabrosas y complacientes después de ver  que su esfuerzo dio pocos frutos pero la mayoría las que son perfeccionistas y desean vivir en un orden y en unas condiciones de higiene y sin caos, son capaces de echar espuma por la boca para poder llevar todo a buen término: la comida, la ropa, la limpieza, los deberes, la educación, los horarios, las actividades extraescolares, las citas con el médico, las tutorías, y que se yo…….además del trabajo al que se han dedicado, ya sea su carrera o su profesión y lo peor es que nadie parece percibir ese gran esfuerzo que en vez de hacernos sentir leonas, muchas muchísimas veces nos hace sentir sapos…sobre todo cuando después de tanto esfuerzo el primero que llega  a casa tira su chaqueta en el sofá o en menos de un segundo pone revuelta de pan, leche y galletas, esa mesa con cuyo cristal hemos estado eidiando media mañana para que brillara impoluto.
Ese trabajo de hormiga no se ve, o parece no verse salvo cuando no se hace. Es entonces cuando la camisa no está planchada o el chándal no está lavado cuando empieza la auténtica revolución pero en ese instante no queda otra que hacer horas extras o poner el grito en el cielo y aunque nos lleven los diablos somos capaces de rendirnos ante morfeo y seguir hasta la madrugada si es preciso con tal que todo permanezca igual y reine otra vez el orden o quede impecable la camisa olvidada, el botón descosido o el pantalón que no acabó de secarse o el plato que quedó sin fregar en el fregadero o incluso aquella blusa que permanecía en remojo y que nadie vio hasta que nos topamos con ella cuando nos íbamos a acostar
 Seguimos siendo tan esclavas de nuestra educación como antes, y aunque hayamos llegado muy lejos en nuestro proyecto como mujeres lo cierto es que en el fondo todas seguimos sufriendo esa gran incomprensión por parte de los demás en el gran esfuerzo que hacemos como esposas y madres.
Yo puedo contar con la suerte de tener una pareja que se involucra mucho en las tareas del hogar pero bien es verdad que muchas veces no se da cuenta de cuan grande es mi esfuerzo, creo que nos ven tan capaces de poder con todo que muchas veces olvidan lo débiles que nos sentimos en muchas ocasiones. Igual les pasa a nuestros hijos se han acostumbrado tanto a su super mama que en realidad no saben cuan valiosa es hasta que a ellos les toca imitarla o empiezan a ayudar levemente con las tareas.

Nosotras si que nos dejamos la piel, quizás no ejercemos profesionalmente como grandes gestoras o grandes ejecutivas pero lo cierto es que sin nuestra gestión o nuestra ejecución nada sería de esos hombres tan importantes de cara a la galería que vuelven a casa y se encuentran que todo está dispuesto, ordenado y perfecto mientras poco a poco vamos perdiendo en nuestro interior esa chispa y esa esencia de mujer que tanto nos costó adquirir porque el cansancio a la larga pasa factura  y ellos muchas veces no se dan cuenta de que un diamante con el uso puede dejar de brillar en cualquier instante…


1 comentario:

  1. Si es que llevas toda la razón, qué bien escribes y qué bien expresas lo que muchas sentimos.
    Yo he llegado al punto de "que me da igual" si una camisa aparece sin planchar... que se apañen... No quiero ser superwoman, quiero vivir... y aunque no lo hago total y absolutamente libre, porque somos así, sí he aprendido a disfrutar de lo que me gusta y lo que me llena, además de mi casa, mis hijos, mi marido, mi familia, etc.. etc... Que nunca se sabe cuánto tiempo podré hacerlo, mientras pueda, que se hagan la comida y se planchen sus camisas.
    Pero qué razón tienes y cuánto te entiendo.
    Ah, y si no hay comida, se compran un pollo asado, o un bocadillo de choped, que también alimenta...

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